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Apuntes de un periodista: el inesperado éxito de León XIV en Francia

La visita de León XIV a Francia sorprendió por el fervor de los fieles y las multitudes que acompañaron al Papa en París, Lourdes y Metz.

Jovel Álvarez| |Actualizado |5 min de lectura

El papa León XIV saluda a los jóvenes durante una vigilia de oración en el Stade de France, en Saint-Denis, Francia, el 25 de septiembre. (OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media)
El papa León XIV saluda a los jóvenes durante una vigilia de oración en el Stade de France, en Saint-Denis, Francia, el 25 de septiembre. (OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media)
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El escepticismo era palpable, pero no era nuevo. Ya en 1997, cuando san Juan Pablo II celebró la Jornada Mundial de la Juventud en París había temores de que no lograra convocar a las multitudes a las que estaba acostumbrado. El motivo: la Francia laica era imposible de penetrar con discursos de fe. En aquella ocasión, 1.2 millones de jóvenes de todo el mundo llenaron los Campos Elíseos y dieron una muestra de fuerza que acaparó titulares en toda Europa.

Después de la apoteósica visita al Reino de España, que en los últimos años había seguido de forma notoria el camino trazado por los franceses hacia la secularización, incluso los Reyes Felipe y Letizia se vieron sobrecogidos por la fuerza de una multitud católica mayor a todas las expectativas. Francia tenía un reto mayúsculo: igualar o superar el entusiasmo visto en su país vecino.

Al llegar a París, en la víspera del inicio del viaje, me encontré con un escenario que me recordaba a la visita del Papa a Estambul, donde nada en la ciudad indicaba que un gran evento estuviera por acontecer. En Turquía eso era comprensible, puesto que el número de católicos asciende al 0,07% de la población. En Francia, donde aún queda un 29% de personas que se dicen católicas, la cifra parecía no ser suficiente como para decorar las calles con pancartas de bienvenida o banderas vaticanas –algo que sí vimos en Líbano y España–. La mañana de la llegada del Papa la vida en París parecía absolutamente normal, las actividades seguían su curso y parecía que la visita de Estado no llamaba la atención de los ciudadanos.

Personas se reúnen cerca del Arco de Triunfo de París para participar de una Misa al aire libre presidida por el papa León XIV en la Plaza de la Concordia, el 26 de septiembre. (OSV News/Benoit Tessier, Reuters)

Personas se reúnen cerca del Arco de Triunfo de París para participar de una Misa al aire libre presidida por el papa León XIV en la Plaza de la Concordia, el 26 de septiembre. (OSV News/Benoit Tessier, Reuters)

No fue sino hasta que el Papa salió de la UNESCO, por la tarde, que vimos a los fieles tomar las calles para acompañar el recorrido del Papa hacia Notre Dame, la catedral más famosa del país. Fue entonces que el fervor popular empezó a dar sorpresas.

Por la noche, en el Stade de France, la vigilia de oración con los jóvenes dio una muestra de alegría digna de admirar. Eran 80 mil jóvenes –entre ellos algunos no católicos– reunidos para escuchar el mensaje de León XIV: una invitación a buscar la santidad, la paz y una relación viva con Jesús. Tras una representación teatral en la que fueron personificados los santos franceses, el papa estimó que “los santos de Francia” en realidad eran los jóvenes que estaban ahí presentes.

El papa León XIV bendice a Marie-Garance Noël, una niña con múltiples discapacidades, mientras recorre en el papamóvil la avenida de los Campos Elíseos rumbo a la Plaza de la Concordia, en el centro de París, el 26 de septiembre, para celebrar una Misa al aire libre, durante el segundo día de su visita a Francia. (OSV News/Alessia Giuliani, CPP)

El papa León XIV bendice a Marie-Garance Noël, una niña con múltiples discapacidades, mientras recorre en el papamóvil la avenida de los Campos Elíseos rumbo a la Plaza de la Concordia, en el centro de París, el 26 de septiembre, para celebrar una Misa al aire libre, durante el segundo día de su visita a Francia. (OSV News/Alessia Giuliani, CPP)

“Los santos cambiaron el curso de la historia, haciendo que muchos pasaran del sufrimiento a la esperanza, porque primero cambiaron sus propios corazones, transformándolos a la luz de la fe. Queridos jóvenes, mientras disciernen su vocación, estén seguros de que el Señor no les habla de manera confusa, sino que se dirige a cada uno por su nombre y los invita a seguirlo porque los ama”, les dijo el pontífice.

Si el espectáculo de esa tarde y noche ya había ahuyentado los temores de una falta de entusiasmo, lo de la misa en la Plaza de la Concordia fue la muestra por excelencia de una iglesia todavía capaz de convocar multitudes provenientes de todo el país. Las estimaciones hablan de 800 mil personas en total.

Entre los fieles encontramos de todo: jóvenes, familias, adultos mayores. Las imágenes de fieles confesándose en la vía pública sorprendieron a los más incrédulos.

Al día siguiente, en Lourdes, la situación era distinta. Los fieles no eran primordialmente jóvenes, como suele ocurrir en casi todas las visitas papales. No. En este caso eran casi todos adultos mayores. Había un panorama dominado por sillas de ruedas y muletas, y en este santuario el Papa alzó la voz con contundencia en favor de la dignidad de quienes se encuentran en sufrimiento físico, asegurando que ante los ojos de Dios su valor permanecía intacto. Según León, la medicina nunca podrá convertirse en esclava de la muerte. Su mensaje resonaba en un país que recientemente aprobó la ley del suicidio asistido. Esa tarde, en la casa de acogida Notre Dame, el Papa volvió arremeter contra estas leyes asegurando que “no todo lo que es legal, es necesariamente moral”.

Mientras el Papa oficiaba la misa, la gruta de las apariciones quedó completamente desierta. Algunos pocos aprovechamos la extraña ocasión para acercarnos al lugar donde Bernardita habló con la Virgen y que ha sido meta de peregrinación –incluso de Papas– por casi dos siglos. Esa noche León XIV presidió la procesión de las antorchas ante 150 mil fieles.

El papa León XIV encabeza una procesión con velas en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, el 27 de septiembre. (OSV News/Remo Casilli, Reuters)

El papa León XIV encabeza una procesión con velas en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, el 27 de septiembre. (OSV News/Remo Casilli, Reuters)

En Metz el Papa centró su mensaje en reivindicar las raíces cristianas de Europa, en un continente que ve su patrimonio cultural ceder ante el islam y el secularismo. El presidente Macron participó en la misa en la Catedral de San Esteban y a lo largo del viaje se comportó de manera cordial y abierta ante el Papa.

Tras la breve etapa en la tierra del venerable Robert Schuman –uno de los padres de la Unión Europea–, el Papa emprendió su regreso a Roma. En esta ocasión sí pudo dar la acostumbrada rueda de prensa en el avión, en la que decidió dejar de lado el italiano y responder a las preguntas únicamente en español e inglés.

Los temas: inteligencia artificial, abusos sexuales en la iglesia francesa, las guerras, la vivienda en España, entre algunos otros. Sobre sus viajes a futuro, el Papa aseguró que para el próximo año solo hay un viaje establecido: el de la Jornada Mundial de la Juventud en Corea del Sur. Todo lo demás está por decidirse.

La próxima vez que el Papa aborde un avión será para volver a su amado continente americano. En noviembre León regresará al Perú que conquistó su corazón, a la Argentina de Francisco y al Uruguay laico. Una combinación de la que podemos esperar muchas sorpresas.

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