Ir al contenido principal
Santo del Día

Santo del día: Hilario de Arlés

San Hilario de Arlés renunció a sus bienes, fue arzobispo y destacó por su caridad, firmeza pastoral y vida austera al servicio de la Iglesia.

Angelus Staff| |2 min de lectura

Hilary e1588523124891
Compartir

San Hilario de Arlés nació en el año 401, probablemente en lo que hoy es Lorena, Francia. Su familia era acomodada, y recibió la formación propia de un aristócrata en filosofía y retórica, preparándose para una carrera exitosa.

Uno de sus parientes, Honorato, había fundado un monasterio en Lérins y había consagrado su vida a la Iglesia. Preocupado por el alma de Hilario, lo animó a dejar las ambiciones mundanas y seguir a Cristo.

Más tarde, Hilario escribió: “Por un lado, veía al Señor que me llamaba; por otro, el mundo me ofrecía sus encantos y placeres seductores. ¡Cuántas veces abracé y rechacé, quise y no quise lo mismo! Pero al final Jesucristo triunfó en mí. Y tres días después de que Honorato me dejara, la misericordia de Dios, obtenida por sus oraciones, venció mi alma rebelde”.

Hilario se convirtió en discípulo de Honorato y abrazó una vida de oración, ascesis y estudio. Vendió sus bienes y dio todo lo recaudado a los pobres.

En el año 426, Honorato fue nombrado arzobispo de Arlés. Hilario lo siguió en un primer momento, pero pronto regresó al monasterio de Lérins. Sin embargo, Honorato quería contar con su ayuda, por lo que lo hizo volver y lo estableció en Arlés. Cuando Honorato murió en 429, Hilario intentó marcharse nuevamente, pero los fieles lo buscaron y lo llevaron de regreso para consagrarlo como el nuevo arzobispo.

Aunque aún no tenía 30 años cuando asumió el cargo, Hilario estaba preparado gracias a su vida religiosa y a la formación recibida de Honorato. Conservó la sencillez de un monje: poseía poco, daba prioridad a los pobres y continuaba realizando trabajos manuales.

El arzobispo Hilario fue conocido por su bondad y caridad, pero también por reprender a un funcionario que había deshonrado a la Iglesia. Advirtió a los creyentes tibios que “no saldrán tan fácilmente del infierno si llegan, por desgracia, a caer en sus prisiones”.

Hilario fundó monasterios en toda su diócesis y convocó concilios para fortalecer la disciplina de la Iglesia local. Vendió bienes de la Iglesia para pagar rescates de personas secuestradas, y se dice que obró milagros.

Murió el 5 de mayo del año 449. Aunque tuvo algunas disputas canónicas con el papa san León I hacia el final de su vida, el pontífice lo honró como “Hilario de santa memoria” en una carta dirigida al siguiente arzobispo de Arlés.

Reciba el boletín de Angelus

Las noticias y perspectivas católicas esenciales del día, en su correo.

Artículos relacionados

Usamos cookies para entender cómo se lee Angelus y mejorar el sitio. Puede aceptar o rechazar las cookies de analítica. Directiva de cookies