Santo del día: Carlos Borromeo
San Carlos Borromeo nació en el seno de una familia acomodada, pero anhelaba desprenderse de todo y servir a la Iglesia.
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San Carlos Borromeo nació en 1538, en el seno de una familia noble y rodeado de lujos. Sin embargo, desde muy joven dejó en claro que las riquezas y los bienes materiales no le interesaban. Su deseo era servir a la Iglesia, por lo que pidió a su padre que destinara a los pobres la mayor parte de su herencia.
Aunque no pudo desprenderse por completo de los privilegios de su posición social, decidió ponerlos al servicio de la Iglesia. A los 22 años, su tío fue elegido papa con el nombre de Pío IV, y Carlos comenzó a desempeñarse como diplomático pontificio y supervisor de importantes órdenes religiosas. En sus ratos libres disfrutaba de la música y la literatura, e incluso llegó a plantearse renunciar a esos placeres para ingresar en un monasterio. Sin embargo, su presencia resultó indispensable durante el Concilio de Trento.
En 1545, la Iglesia había iniciado su decimonoveno concilio ecuménico, aunque su desarrollo estuvo marcado por numerosas interrupciones. El Concilio de Trento tenía una doble misión: aclarar la doctrina católica frente a las objeciones protestantes y corregir problemas arraigados en la vida de la Iglesia. Como representante del Papa, Carlos participó en la etapa final del Concilio, que concluyó en 1563, cuando él tenía apenas 25 años. También colaboró en la elaboración de un compendio de la doctrina católica: el Catecismo Romano, conocido también como Catecismo del Concilio de Trento.
En reconocimiento a su labor, Carlos recibió nuevas responsabilidades. Apenas unos meses después, fue nombrado arzobispo y cardenal. Cuando asumió la diócesis de Milán, encontró que prácticamente no existían estructuras administrativas ni liderazgo pastoral. Se dedicó entonces a fundar escuelas, seminarios y centros de vida religiosa. Estas profundas reformas le granjearon algunos enemigos. Incluso un grupo de monjes descontentos intentó asesinarlo, pero Carlos sobrevivió milagrosamente.
Sus esfuerzos dieron abundantes frutos. Impulsó la labor de la Cofradía de la Doctrina Cristiana y la creación de las primeras clases de catequesis dominicales, conocidas como «escuelas dominicales». También acogió a católicos ingleses que huyeron a Italia para escapar de las leyes anticatólicas.
Su incansable dedicación, los frecuentes viajes y su austero estilo de vida terminaron por pasarle factura. Carlos murió a los 46 años, el 3 de noviembre de 1584. Fue canonizado 26 años después, en 1610, y es patrono de los catequistas y los catecúmenos.