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Santo del día: Alfonso Rodríguez

San Alonso Rodríguez perdió a su esposa, a sus hijos y su negocio en un breve período. Tras estas tragedias, comenzó a plantearse la posibilidad de consagrar su vida a Dios.

Angelus Staff| |2 min de lectura

Alfonso Rodriguez.
Alfonso Rodriguez.
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San Alonso Rodríguez nació en España en 1532. Se casó a los 26 años y trabajó como comerciante de telas. Tras una serie de tragedias personales —su esposa y dos de sus hijos habían fallecido cuando él tenía 31 años; el menor de sus hijos murió después de que Alonso abrazara una vida de oración, y su negocio quebró—, comenzó a plantearse la posibilidad de consagrar su vida a Dios.

Como no había recibido una educación superior, Alonso tuvo dificultades para ingresar en la Compañía de Jesús y acceder al sacerdocio. Estudió durante dos años en el Colegio de Barcelona, pero no logró graduarse. Los jesuitas de Valencia rechazaron su solicitud de ingreso. Sin embargo, un provincial de la orden, conmovido por su profunda fe y su perseverancia, le permitió incorporarse como hermano lego.

En aquella época, los hermanos legos colaboraban con los sacerdotes jesuitas en diversas tareas, como cocinar, realizar trabajos de construcción y cultivar la tierra. Alonso fue destinado al Colegio de Montesión, en Mallorca, donde trabajó como portero. Entre sus tareas estaban recibir a los visitantes, llevar el equipaje, transmitir mensajes y distribuir limosnas entre los pobres.

A pesar de desempeñar un trabajo aparentemente sencillo, Alonso se ganó una reputación por su sabiduría y su profunda fe. Los estudiantes acudían a él en busca de consejo, y sus superiores jesuitas no tardaron en advertir sus cualidades. Por eso, le pidieron que comenzara a dejar por escrito sus pensamientos y experiencias de vida.

Alonso entabló una amistad especial con un joven al que animó a partir como misionero a Sudamérica. Aquel hombre, san Pedro Claver, siguió su consejo y llegó a bautizar a 300.000 personas esclavizadas en Sudamérica.

Alonso murió en 1617. Al examinar sus escritos, sus superiores descubrieron en ellos el testimonio de una vida sencilla, pero profundamente santa. Estaba convencido de que cada persona que llamaba a su puerta era Cristo y de que podía encontrarse con Dios en cada tarea cotidiana. Esta sencilla convicción lo condujo a una profunda vida de contemplación.

Alonso fue canonizado en 1887. Sus restos descansan en la isla de Mallorca, donde encontró a Cristo en cada persona con la que se cruzó.

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